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¿Por qué te enamoras del malo?

Todo depende de la personalidad de cada uno,  pero de manera general nos vemos atraídos a los villanos por las emociones fuertes que nos transmiten, porque cuando nos identificamos con ellos nuestro cerebro produce noradrenalina y hasta se nos acelera el corazón con las fechorías que son capaces de hacer. Digamos que es una forma bastante segura de acceder a los malos sentimientos sin dañar a nadie.

Los malos tienen licencia para hacer lo que se les antoja, todo eso que nos encantaría hacer pero que nuestra moral no nos permite. La maldad cautiva porque el villano proyecta mucha seguridad, cautivan sobre todo a esas personas incapaces de satisfacer sus necesidades sociales y fantasean sobre obtenerlas a través de cualquier medio, sea bueno o malo. Es bastante lógico estaría difícil identificarse con las víctimas porque las víctimas proyectan debilidad y no nos gustaría estar en su papel.

Ivan Pavlov diría que podemos asociar a los supervillanos con otras cosas que también valoramos, como por ejemplo el entretenimiento, la fuerza, la libertad y ser nuestros propios héroes.

Los sentimientos que nos hacen amar a los malos

 

Libertad: Los buenos no pueden darse el lujo de ser impulsivos o hacer cualquier locura que pase por su mente, pero a los malos les tiene sin cuidado lo que piensen de ellos y hacen lo que se les pega la gana sin asumir ninguna consecuencia y sin sentir el más mínimo asomo de culpa.

Poder: Los superhéroes también tienen poder, la diferencia es que casi no lo utilizan para beneficiarse, es para salvar al mundo o tareas que, sinceramente, suenan titánicas e implican sacrificios. En cambio los villanos pueden imponer su voluntad sin restringir sus deseos.

Venganza: Una persona que siente que el mundo está en deuda con ella, en el fondo siente deseos de vengarse y por eso puede apreciar los suculentos planes vengativos que se maquilan en las mentes perversas de los malos. Muchos podemos experimentar fascinación y sentimientos de reafirmación y respeto.

Culpar a las víctimas: el psicólogo Melvin Lerner observó el fenómeno del “mundo justo”: asumir que, de cierta manera, las víctimas merecen ser víctimas, o sea, que merecen lo malo que les pasa. Es mejor ser villano que ser víctima: la ira se siente mejor que la ansiedad o el miedo.

Explorar lo desconocido: Esta curiosidad poderosa nos hace preguntarnos sobre todo lo que no conocemos, incluyendo nuestros peores demonios.